• Amparo Piñeirua

La Navidad es, otra vez.

Actualizado: ene 18


Para todos los que somos católicos esta época Navideña suele ser especial aunque depende mucho cómo la afrontemos. Para muchos es únicamente una fecha puntual en el calendario en el que seguimos los pasos que marcan las tradiciones.

Las cenas, las comidas con los amigos, familiares, los colegas del trabajo, las posadas, en fin; fiesta, fiesta y mas fiesta.


Claro está, si no tenemos a alguien que se ha ido. Si es así entonces se convierten en Navidades tristes, pero éste, no es el tema de hoy.

Yo no quiero que para mi la Navidad sea una simple fecha en el calendario, quisiera que fuese una época en donde el corazón de alguna manera se ablande; podamos ver cosas que pasan a nuestro alrededor, que aunque deberíamos verlas siempre, con el corazón ablandado se perciben mucho mejor. Por ejemplo el otro día en misa, pude ver a un papa que llegó con sus tres hijos, los tres eran niños y estuvo todo lo que duró la misa pendiente de que siguieran el folleto que te dan, siempre preocupado que que sintieran y entendieran lo que ahí estaba pasando. Por alguna razón siempre he pensado que esa función es más de las mujeres que de los hombres, pero ahí estaba alguien que no conozco dándome una lección.

Otro ejemplo es también ver a un nieto estar pendiente de su abuelo tratando de hacer funcionar un aparato que traía con tanto cariño y dedicación que me conmovió, dos generaciones tan distantes en años y tan cerquita por el cariño que se tienen. Ya saliendo de la iglesia nos encontramos una señora, ya no tan jovencita que trataba de caminar por estas calles nuestras tan complicadas con una chanclas, donde sus pies bailaban de un lado a otro anunciando que sería muy probable que terminaría en el suelo con las consecuencias que eso traería, además me di cuenta que las uñas de sus pies eran muy largas, la señora se veía muy descuidada, mi marido se acercó para ayudarla y ella permitió que la acompañara hasta su casa. Mientras esto sucedía le pregunté al policía de la pluma que si vivía sola y que si alguien la cuidaba y me comento que tenia varios hijos pero que no estaban al pendiente de ella, esta acción también me conmovió y pensé.... "fíjate Amparo quien está a tu alrededor, qué quizá necesiten que tu estes mas al tanto de ellas"

Con lo comentado aquí podemos ver muchas cosas; que a veces estamos tan metidos en nosotros mismos, en nuestros propios desiertos de emociones, sentimientos, preocupaciones que no nos damos cuenta de lo que pasa con otros seres humanos que nos pueden ayudar a comprender muchas cosas con su simple ejemplo. También aprender a ver lo que quizá nosotros podemos mejorar y llenar nuestra alma de flores y agua para regar y florecer estos desiertos internos y ya puestos en esto que no solo quede en la época de Navidad sino que sean aprendizajes que nos hagan subir escalón por escalón para que cada día nos mejoremos a nosotros mismos y además agradar a Dios .


Esta, es Amparo reportándose.

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