• Amparo Piñeirua

Sorpresa mayúscula


Ocho y media de la noche, terminó un zoom cierro la computadora, me dirijo a la sala de T.V.. Cenamos mi esposo y yo, me pongo la pijama para ver las elecciones de E.U; pasamos un rato ahí comentando el tema de quién ganaría.

Siempre dejamos un poco abierta la puerta del jardín para que mis perritas que son 4 salgan cuando quieran hacer su necesidades, a las 10.30 de la noche, lo sé porque el reloj lo tengo enfrente de mi, mis perras salen corriendo al jardín ladrando, lo hacen con frecuencia cuando pasa por la barda algún animal, gato, ardilla etc. pero esta vez fue diferente, regresaron inmediatamente ladrando, pero corriendo rápidamente hacia adentrando, me disponía a levantarme para ver el motivo del escándalo. A dos metros de distancia estaban dos encapuchados. “—Pensé—, ¿qué es esto?, ¿amigos de mis hijos?”. Los veo fijamente, qué broma tan pesada. En un momento siento como si me dieran un golpe en plena cara y caigo en cuenta que dentro de mi casa están dos asaltantes, un escalofrío corre por todo mi cuerpo, mi marido los enfrenta, creo que por instinto, lo golpean en la cara y lo tiran al suelo, me tapan la boca siento su guante rasposo en mi cara, en un minuto, la chica que nos ayuda en la casa ya esta justo a nosotros, nos apuntan con un arma y empiezan a amarrarnos y por mi casa corren otros tres asaltantes más, nos preguntan por la caja de seguridad, —no tenemos les contesto —, como veo que se molestan y gritan les digo —no tenemos pero si no lo creen busquen por donde quieran —.

Por hora y cuarto se pasearon por toda la casa, tenía asignado a un asaltante para que platicara conmigo, supongo que para mantenerme tranquila y callada también yo quería información de hasta donde estaban dispuestos a llegar, mi profesión me ayudó.

Mi marido se empezó a sentir muy mal, le trajeron alcohol y hasta lo recostaron en el sillón.

Todo el tiempo nos gritan, nos dicen cosas muy desagradables, el que platica conmigo trata de sobrepasarse; lo detengo enérgicamente, sigue con su palabrería majadera, y yo hablando con él para que se tranquilice, no sé como puedo hacerlo pero lo hago. Se escucha cómo destrozan la casa tiran puestas rompen cerraduras.

Encuentran todo, de todo, lo meten en una mochila se la ponen en la espalda, se dan tiempo de tomarse unas cervezas y sin más se van, salen por la puerta principal como si fueran los dueñas de la casa.

No se llevan nada con lo que pudieran rastrearlos, ni celulares, ni computadoras ni iPads, ni tarjetas de crédito.

Todas nuestras alhajas y todo nuestro dinero, pero además de esto se llevaron nuestra tranquilidad y seguridad.

Esta es Amparo reportándose

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