• Amparo Piñeirua

Una historia que contar


A veces una chispa ilumina de diferente manera a aquellos que estás acostumbrado a ver y a lo que realmente ya no le prestas tanta atención.


Unos días atrás venía yo en el coche y un semáforo en rojo me hizo detenerme, como siempre muchas personas que venden chicles, mazapanes, flores etc. se me acercaron, en esta ocasión estaba una chica de la Cruz Roja recaudando dinero en su colecta anual, yo saque algo de dinero y se lo dí. En ese momento también se acercó una niñita como de 7 añitos a venderme mazapanes, yo le dije; "no te voy a comprar nada, pues creo que una niña como tú no debería de trabajar" y se alejó de mí, a los dos segundos esa chispa de la que hablo se apoderó de mí y le hice una seña para que regresara y así lo hizo. Le dije "no te voy a comprar nada, pero te voy a invitar a comer", se le iluminó su carita y enseguida me contestó "¿cuándo?". Me quedé pensando que quizá mucha gente le había propuesto lo mismo y no había cumplido lo cual nunca comprobé. Total quedamos para el siguiente viernes. Cuando por fin avance con el coche tenía una sensación de alegría como si hubiese quedado con mi mejor amiga.

El viernes llegó y entonces empecé a pensar más racionalmente y me dije, pero ¿cómo? no se como se llama, como me la voy a llevar sin el permiso de alguien responsable de ella y comencé por así decirlo a desinflarme, sin embargo yo no quería desilusionarla y fui a su encuentro, para ese momento yo ya pensaba que seguro no se daría esa cita, sin embargo, mujer de poca fe la localice con la chica de la Cruz Roja. Ella me dijo que se llamaba Lupita y que ella convencería a su mamá para que me la pudiera llevar. A los pocos momentos llegaron las dos, la mamá estaba muy emocionada, ella ya no tanto pero con la insistencia de su mami, se subió al coche. Yo estaba alucinada de que a su mama no le diera miedo que me la llevara. En su vida me había visto y no sabía nada de mí; qué diferentes vidas vivimos yo no le suelto a mis hijos a nadie que no conozca y muy bien y aun así lo pienso mucho.

Pero ahí nos fuimos las dos ella me platicaba y yo a ella también , por fin me dijo que las hamburguesas no le gustaban y que prefería pizza, le ofrecí otras cosas que me parecían más nutritivas pero al no verla tan contenta decidí que estábamos ahí para que ella disfrutara y si quería pizza, pizza seria.

Me platico de su familia, de cómo en tres camas se acomodan ocho personas; sus papás, y seis hijos. ¡Oh Dios mío! ¿cómo pueden descansar y dormir a gusto de esa manera? Cuando llegamos al lugar vi que saludaba a un niño que luego me enteré que tenía 11 años que estaba vendiendo chicles. Más tarde le pregunte que si lo conocía y me dijo que era su hermano, le ofrecimos pizza pues Lupita solo se comió un pedacito. El me dijo que no, que ya había comido. Le ofrecí también llevarlo con su mamá y me dijo que se tenía que quedar hasta las seis y que se regresaba solo.


Lupita y yo fuimos por su postre pues al fin, como niña prefería el postre que la comida y luego la lleve a unos juegos para niños que en realidad disfrutó y yo, más de verla tan feliz.

Lupita resultó ser una niña alegre feliz muy abusada sabía leer muy bien y su forma de expresarse era increíble, término el paseo la regrese con su mamá sus primos la estaban esperando enseguida la abordaron y se apoderaron de su pizza .

No sé ella, espero que también, pero para mi fue un ratito mágico, cuánto que aprender y reflexionar.


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